Los padres tenemos fiebrefobia

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Si consideras que perteneces a ese numeroso grupo de padres que cuando detectan una subida de temperatura en sus hijos, superior a los 38ºC, sientes la necesidad de acudir inmediatamente al pediatra o llevarle a Urgencias, no lo dudes, padeces fiebrefobia.

El término no está en los manuales de psiquiatría, es un estado de ánimo que se experimenta con angustia, pero tiene tratamiento: sentido común, tranquilidad y, por encima de todo, mucha información. Y es que la fiebre es un síntoma útil para combatir las infecciones, que actúa como un mecanismo de esterilización frente a los gérmenes que atacan el sistema inmunológico del organismo y sirve para destruirlos.

¿Por qué la mayoría de los padres tenemos fiebrefobia?

La fiebrefobia de los padres

El manido recurso al paracetamol y al ibuprofeno constituye un nuevo fracaso de la era de la información, según han reconocido algunos especialistas. Para los que tienen la mano demasiado larga a la hora de administrar antipiréticos a sus hijos, la nueva consigna que deberían cumplir a raja tabla es consultar primero al pediatra y recurrir a los medicamentos sólo cuando el niño esté muy decaído o su estado general se vea muy afectado. La única excepción a esta regla se refiere a los recién nacidos.

Cuando un bebé de menos de tres meses tiene fiebre siempre hay que llevarle a Urgencias, porque aunque en la mayoría de los casos no se trate de un problema grave, los neonatos son más vulnerables a las infecciones. A partir de los 2 años, el sistema inmune está más maduro y no hace falta recurrir a los antitérmicos de manera sistemática.

Pero, ¿por qué la mayoría de los padres tenemos fiebrefobia? Parece ser que el origen de la sensación de peligro que causa en la fiebre gira en torno a las numerosas creencias falsas que circulan en torno a la elevación de la temperatura. Una de ellas es que la fiebre puede desencadenar ataques epilépticos, un mito que desmonta al conocer que las convulsiones febriles sólo afectan al 2 por ciento de los niños y, cuando se producen, no siempre causan daño cerebral ni ataques epilépticos.

Otra falsa creencia es que si no podemos bajar la fiebre es porque se trata de una enfermedad grave, cuando lo cierto es que algunas enfermedades graves pueden cursar con fiebre muy baja y otras más leves, como las producidas por virus, pueden poner el termómetro al rojo vivo. Cierto o no, la fiebrefobia no es un fenómeno nuevo. Afecta a los padres, sobre todo, en esta época del año en la que los resfriados, la gripe, las bronquitis y las neumonías campan a sus anchas en las aulas y galerías de los colegios e institutos.

Marisol Nuevo.

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