Pilates para recuperar la figura tras el parto

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Antes de tener a mi hijo ya hacía deporte. Jugaba al padel e iba regularmente al gimnasio, incluso durante casi todo el embarazo estuve practicando natación. Sin embargo, después de dar a luz me sentí débil, decaída y floja. La fuerza de la gravedad había hecho estragos en mi anatomía y me sentí condenada a cargar con esos kilos de más que no sabía cómo quitarme de encima.

Decidí darme una tregua hasta pasada la cuarentena para comenzar una dieta. Sin embargo, me apetecía seguir con la lactancia y mi médico me recomendó continuar alimentándome bien y empezar a moverme. Ese fue el mejor consejo que recibí, ya que a los pocos días una amiga me regaló una tarjeta regalo para acudir a una clase de prueba de Pilates.

Benefícios del Pilates en el posparto

Pilates en el posparto

Había oído hablar de las maravillas del método Pilates para la espalda, pero lo consideraba una gimnasia pasiva y como tal no entendía qué podía hacer por mi, en aquel momento, justo cuando acababa de dar a luz para eliminar toda aquella acumulación de grasa y líquidos que rodeaba mi esqueleto. Llegué a la clase camuflada en una enorme camiseta que escondía mis redondeces, pero que no conseguía disimular mi tamaño, cuando mi figura se reflejaba por todas partes, en aquella clase rodeada de espejos. Para colmo, mi profesora era una mujer estupenda con un peso ideal, con la cantidad justa de músculo en cada zona de su cuerpo y, como era mi primer día, se dirigió a mi para explicarme en qué consistía el método Pilates y como debía aprender a mover mi cuerpo para obtener los resultados esperados.

Al principio tenía muchas dudas, los ejercicios de Pilates no eran mágicos, pero no tenía nada que perder. Gracias a mi tesón y a que soy de constitución atlética empecé a notar resultados al cabo de un mes. Pero lo que más me llamó la atención es que aunque estaba muy preocupada, en principio, por mi aspecto físico, después he valorado mucho más lo que hizo conmigo el Pilates en otros aspectos. Me dí cuenta que echaba la culpa de mi estado de ánimo a mis cartucheras, a mis michelines, al aspecto apagado mi piel cuando me levantaba por las mañanas y me veía en el espejo sin energía ni vitalidad.

La práctica de Pilates me hizo sentir fenomenal, me aportó energía cuando sentí que mis fuerzas se habían agotado, me ayudó a concentrarme para coordinar los movimientos, subió mi autoestima y aumentó la percepción positiva de mí misma. Mi figura también cambió por completo, eso sí, no de la noche a la mañana. Tuve que trabajar para tonificar brazos y piernas, y reducir volumen de vientre y caderas, pero recuperé la firmeza perdida. Y lo más importante, me ayudó a disfrutar de mi recién estrenada maternidad al superar rápidamente aquella depresión posparto.

Marisol Nuevo

Barrigas de embarazadas pintadas

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