La intolerancia de los niños a la fructosa

La intolerancia hereditaria a la fructosa en los niños

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La intolerancia hereditaria a la fructosa (IHF) en los niños es una enfermedad producida por la ausencia de una enzima que transforme el azúcar contenido en la fruta y la miel.

Esta alteración genética impide que la fructosa se sintetice de la forma adecuada para el organismo del niño, acumulándose en hígado, riñones o intestino.

En que consiste la intolerancia a la fructosa

La intolerancia de los niños a la fructosa

La fructosa o levulosa es el tipo de azúcar que contienen tanto la fruta como la miel. Mientras que el azúcar de mesa esta formado de la unión de glucosa y fructosa, la fructosa en si en un monosacarido formado por un solo eslabón.

Esto significa que no tiene la necesidad de ser digerida y puede pasar directamente al torrente sanguíneo desde el intestino, para finalizar su proceso en el hígado, donde se transforma en fructosa 1 fosfato, una nueva sustancia sobre la que actúa la enzima aldolasa B, responsable de la transformación de la fructosa para producir, por ejemplo, energía.

Síntomas y tratamiento de la intolerancia a la fructosa en niños

Los primeros síntomas que aparecen cuando un niño es intolerante a la fructosa, después del consumo de un alimento con este tipo de azúcar, son el dolor abdominal y vómitos que pueden acabar derivando en una hipoglucemia severa.

El tratamiento es básicamente preventivo. Se debe de controlar la alimentación del niño para evitar la ingesta de fruta o miel. Además se deberán evitar otro tipo de azucares como la sacarosa o el sorbitol.

Pero al erradicar la fruta de la dieta del niño, también se está suprimiendo la mayor fuente de vitamina C, necesaria para el correcto desarrollo infantil, por lo que se recomienda suplementar la ausencia de este nutriente.

Diferencia entre la intolerancia a la fructosa (IHF) y la mala absorción de la fructosa

La malabsorción de la fructosa es una enfermedad más común que la intolerancia hereditaria a la fructosa, y se da, aproximadamente, en un 30% de la población mundial. En este caso, son las células intestinales las que no son capaces de absorber de forma completa la fructosa, provocando en el niño, dolor abdominal, gases, diarreas o nauseas.

Diego Fernández. Redactor de Guiainfantil.com

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