Diferencias entre pesadillas y terrores nocturnos

Cuando el niño tiene problemas para conciliar el sueño

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Aunque se parezcan, son muchas las diferencias entre las pesadillas y los terrores nocturnos. ¿Cómo distinguirlas? Todo depende del grado de espectacularidad, de la dificultad para calmar y despertar al niño o del momento en el que se producen.

Explicamos las características de unas y otras para que tú también aprendas a distinguir las pesadilla de los episodios de terrores nocturnos.

¿Nuestro hijo tiene terrores nocturnos o pesadillas?

Niña asustada

Todos los que tenemos hijos hemos vivido en alguna ocasión la experiencia de despertarnos con los gritos desesperados de nuestros hijos en mitad de la noche. Esta es una de las semejanzas entre pesadillas y terrores nocturnos. Ambos causan ansiedad, miedo y 'despertares' bruscos precedidos por gritos o lloros de angustia durante la noche. Pero a diferencia de las pesadillas, muy habituales en la infancia, los terrores nocturnos son poco frecuentes y suelen afectar solo entre un 3% y 6% de los niños en edad escolar. 

5 diferencias entre terrores nocturnos y pesadillas

1. Una de las diferencias más importantes entre terrores nocturnos y pesadillas es que los primeros son mucho más espectaculares y más angustiosos. Los gritos y los movimientos del niño que experimenta un episodio de terrores nocturnos causa mucha más alarma a los padres que una de esas pesadillas de las que estamos acostumbrados a consolar. No obstante, hay que advertir que a pesar de esta espectacularidad los terrores nocturnos no son un síntoma de un trastorno o problema médico latente.

2. Un niño puede tener un episodio de terrores nocturnos y no volver a presentarlo más o en cambio seguir teniendo varios hasta que acaben desapareciendo paulatinamente. Las pesadillas pueden aparecer en cualquier momento de nuestras vidas.

3. Reconoceremos que el niño sufre de terrores nocturnos y no una pesadilla porque los terrores nocturnos aparecen transcurridas pocas horas tras dormirse y en el momento de transición entre la fase REM a la no REM, fases del sueño en las que no entraremos en este artículo, pero para hacerlo entendible digamos que suelen aparecer entre antes de las 2 de la madrugada.

4. El niño que sufre terrores nocturnos se agita bruscamente, se sienta en la cama, grita, parece aterrorizado, desorientado, y no reconoce a las personas que le rodean. Tiene taquicardias, está empapado en sudor y las pupilas dilatadas. Puede parecer una pesadilla pero no, porque el niño no se calma ni se despierta cuando acudimos a su lado.

5. A diferencia de las pesadillas, el niño que sufre un episodio de terrores nocturnos es difícil despertar o calmar y en caso de hacerlo no es capaz de explicarnos qué es lo que le pasa debido a su confusión. No recuerda nada de lo soñado porque los terrores nocturnos no son exactamente un sueño sino una experiencia de miedo intenso que se produce en la transición de una fase de sueño a otra.

Una vez superada la crisis el niño se vuelve a dormir tranquilamente, sin miedo y sin recordar nada de lo sucedido. Los padres somos los que quedamos sobrecogidos ante lo acontecido, que puede haber durado entre 1 y 20 minutos. 

No existe tratamiento para los terrores nocturnos más que el de intentar tranquilizar al niño que los sufre y reducir el estrés a lo largo del día. Afortunadamente los episodios remitirán paulatinamente a partir de los 9-10 años pero hay que buscar ayuda profesional si los terrores se dan con mucha frecuencia y tememos que el niño se pueda lastimar en el transcurso de uno de ellos.

Fotos a bebés dormilones

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