Qué es la anorexia y cómo afecta a los niños

Cómo reconocer los síntomas de la anorexia en la infancia

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Si hay algo que atemoriza a cualquier padre es que su hijo tenga un problema de salud. El problema también llega cuando los niños desarrollan enfermedades que no esperábamos que pudiesen darse en la infancia porque se consideran enfermedades adultas. Uno de esos problemas es la anorexia, un trastorno alimenticio que también puede ocurrirles a los más pequeños. 

Qué es la anorexia 

Niña mira barbie

La anorexia es un trastorno que tiene que ver con la alimentación y que se genera cuando la persona que lo sufre rechaza de forma constante ingerir ningún alimento. Este trastorno de la conducta alimentaria puede desarrollarse cuando quien lo padece no quiere comer ningún tipo de alimento, o lo expulsa a través del vómito (en su fase bulímica), lo cual conlleva a una pérdida importante de peso. 

De forma general, la anorexia suele venir motivada por una obsesión de la propia persona por el aspecto físico, que por causas externas, tiene la percepción de un cuerpo que no es perfecto, lo que puede motivarle a querer perder mucho peso. Su cerebro llega a percibir un cuerpo diferente al real. La persona con anorexia se ve gorda, mientras que el resto le percibe como delgada. La necesidad de no engordar, convierte a esta enfermedad en una obsesión.

La falta de autoestima, tanto física como psicológica puede desencadenar en este problema por ver un cuerpo más esbelto y delgado. A pesar de la creencia general, no sólo le afecta a mujeres jóvenes, sino también a hombres, embarazadas o incluso niños y niñas. 

Los síntomas de la anorexia en los niños 

Para un adulto, la anorexia es una enfermedad muy grave, pero para un niño es un trastorno devastador. Además del hecho de que la inanición es muy peligroso porque los niños están en constante crecimiento, y sus órganos están formándose, las consecuencias psicológicas de sufrir anorexia pueden ser muy duras en la infancia. 

Los síntomas de la anorexia en los niños son fácilmente reconocibles: 

- Alteración en la conducta alimentaria: Cuando los niños dejan de comer de manera extraña sin una razón aparente, y no porque no les guste la comida, es necesario estar atentos al verdadero motivo de la inapetencia. Cuando un niño comienza a rechazar alimentos de forma sistemática podríamos estar frente al trastorno de la anorexia nerviosa. 

- Falta de apetito: En este caso, los niños pueden llegar a sufrir una falta de apetito no provocada por querer verse mejor físicamente, sino porque puedan tener una enfermedad que les provoque no tener ganas de comer y que conlleve además un cuadro de anorexia. 

- Ansiedad y tendencias obsesivo - compulsivas: Las personas que sufren anorexia nerviosa pueden desarrollar conductas de ansiedad y tendencias obsesivo - compulsivas, algo a que también puede afectar a los niños. 

- Visión distorsionada de la figura: Desgraciadamente, muchos niños se divierten insultando a otros por su físico, y en el patio de recreo puede haber situaciones desagradables de niños que se meten con otros por su peso. Esto puede motivar una anorexia nerviosa, y una distorsión de la visión del propio cuerpo, lo que puede ser un claro síntoma del desarrollo de la enfermedad. 

- Obsesión por contar las calorías: Si hay algo que caracteriza a las personas con anorexia es esa necesidad de saber cuántas calorias ingieren. Si el niño comienza a rechazar alimentos que adoraba, como el chocolate, el pan, el embutido, los dulces... tal vez sea un síntoma de que empieza a obsesionarse con aquellos alimentos que 'engordan'.

- Cambio en su vestuario: Los niños que sufren anorexia rechazan su cuerpo, ya que se ven 'gordos'. Por eso, también intentan taparlo mediante prendas más holgadas. Los niños que sufren esta enfermedad prefieren ropa ancha.

- Cambios de humor constantes: La enfermedad de la anorexia hace que estos niños estén más irritables y suelan estar constantemente enfadados o deprimidos. El cumpable es el sistema nervioso, alterado por la enfermedad y la ansiedad que le produce esta obsesión. 

Ante cualquier sospecha de que tu hijo pueda sufrir esta enfermedad, no dudes en consultar de inmediato al pediatra. La rapidez con la que se actúa es determinante para poder salir de ella sin que queden secuelas. 

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