Quiero ser como tú. Fábula con moraleja para niños

Fábula sobre autoestima y aceptación personal para niños

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Las fábulas son cuentos con moraleja, buenos transmisores de valores. Son fantásticas herramientas para educar a los niños y enseñarles a poner nombre a emociones y sentimientos. 

En este caso, Lolo es un loro que no termina de aceptarse. Él quiere ser como otros animales. Pero al final aprenderá una gran lección. 

La fábula de Lolo, el loro que no quería ser loro

Loro en palmera

En la selva vivía todo tipo de animales y convivían en paz y armonía. El más destacado era Lolo, un loro de colores llamativos que no se conformaba de ser quien era.  Buscaba ser igual que el resto de los animales,y  para eso copiaba algo característico de ellos.

Lolo como cada mañana, volaba surcando los azules cielos que en la selva pintaba. Desde las alturas, Lolo vio a una jirafa alargar su largo cuello intentando alcanzar  las altas hojas de los arboles. Lolo planeó suavemente hasta  apoyarse sutilmente en una de las fuertes ramas donde la jirafa degustaba tranquilamente las verdes hojas.

- Jirafa, quiero ser como tú. Quiero ser tan alto que no tema por nada ni por nadie- Dijo alegremente el loro.

La jirafa miraba perpleja al pequeño loro.

- ¿Estás loco? ¿Me tomas el pelo? ¡Cómo vas a ser como yo si no posees un  cuello tan largo como el mío! Deja de molestarme y sigue volando.

Lolo levantó el vuelo indignado por la respuesta de la jirafa, y se marchó.

Observando atentamente, vio a un león despertándose de su gratificante siesta, se acercó a él con cautela y con voz temblorosa el dijo al gran felino.

- Quiero ser igual que tú, no tener miedo a nada y que me respeten con un simple rugido.

El león, se echó a reír a carcajadas. Pensando que aquel ser tan pequeño tenía mucho sentido del humor.

- Claro que quieres ser como yo. Soy el rey de la selva, pero para ser rey no veo que luzcas una larga melena como la mía.

Lolo hizo caso omiso a su majestad el león y se fue volando a refrescarse a una charca, donde se estaba bañando una pequeña cría de elefante. El loro aterrizó y se posó en el lomo del pequeño elefantito.

- No te asustes, soy igual que tú, soy un elefante. Como fruta, al igual que vosotros. Y me gusta refrescarme.

El pequeño elefante  pensaba que el loro le  estaba engañando y no se dejó embaucar.

- No eres uno de nosotros, no eres un elefante. A ver parlanchín... ¿Dónde tienes tus grandes orejas? ¿Dónde está tu larga trompa?.. Ni siquiera tienes largos colmillos como mis papas además eres muy pequeño y lleno de plumas. No sé qué puedes ser, pero cuando lo sepas quedarás maravillado por tu hermosura .Debo irme, mi mamá me está llamando. ¡Hasta luego!

Lolo empezaban a flaquearles las fuerzas, no sabía nada de él mismo y sus ganas por saber quién era se iban apagando como una llama. De repente, vio aparecer un ave con colores muy llamativos, un ave de lo más extraño  que Lolo pudo ver en su vida. De todos modos aquella ave le parecía de lo más interesante. Paseaba y exhibía sus encantadoras plumas, sus colores se fusionaban entre ellos, era como si alguien hubiese mezclado sus mejores colores y le habría dado color a ese pájaro era el ave más elegante de todas, se hacía llamar pavo Real.

Lolo se enamoró de la variedad de colores que este conservaba en su elegante cola. Lolo lo tenía claro, y no tuvo tiempo a pensárselo dos veces.

- Ahora sí lo  sé. Soy como tú. ¡Qué engañado estaba! Tienes un pico y plumas muy vistosas, al igual que yo las tengo.

El joven loro estaba radiante de alegría y no podía creer que después de tanto esfuerzo y tantas veces equivocándose haya dado con su semejante. El pavo Real no paraba de observar al pequeño loro con un gesto amigable y lleno de ternura.

- He oído hablar mucho de ti, Lolo,es así como te llamas ¿no?

Lolo asintió vergonzosamente y bajando la mirada hacia el suelo. Aquel majestuoso ave le imponía mucho respeto.

- Ven conmigo Lolo, es hora de que sepas quien eres.

Lolo siguió al pavo Real, le había aportado mucha confianza y sus palabras contestarían a todas sus preguntas. ¿Quién era en realidad? Le llevó a una charca donde sus aguas eran cristalinas. 

- Asómate y dime... ¿Qué es lo que ves?

Lolo obedeció. Se acercó a la orilla y vio su reflejo. Un loro de alegres colores, rojo como el fuego, alternando con el amarillo del sol, cubriendo sus plumas con el verde de una selva frondosa acabando con sus plumas de un azul zafiro.

- ¿Y bien...? ¿Qué es lo que ves? Preguntó el pavo Real queriendo saber pacientemente  la respuesta del Lolo.

Decepcionado y con tristeza como si todo su esfuerzo se hubiese esfumado como el humo, contestó Lolo..

- No veo nada, ni a nadie solo a mí mismo.

Lolo se dio la vuelta cabizbajo, y echó andar sin rumbo, seguía sin saber quién era realmente. Derrepente el pavo Real le puso su ala en el pecho de Lolo obligándolo a detenerse. Lolo lo miró atónito.

- Tú lo has dicho. Te ves a ti mismo ¿Por qué esa tristeza? Que mayor alegría se puede tener en la vida que saber que eres único. Saber que puede haber muchos loros de tu misma especie, pero no un loro tan idéntico como tú. Nunca has necesito  ser como el resto de animales. ¿Para que quieres ser tan fuerte como un león si eres capaz de soportar grandes tormentas y volar bajo su lluvia? ¿Para qué tener un largo cuello como el de una jirafa si desde los altos cielos puedes observar sus grandes y extensas llanuras? La vida te ha dado alas para no cansarte de surcar sus cielos azules intensos, para ver despertar su bello amanecer para dar los buenos días al radiante sol. Tú brillas por ti mismo, y no te olvides nunca de que vales mucho y nunca menos que el resto.

Lolo nunca más se menospreció, recordaba cada día las palabras del sabio pavo Real. Tenía razón, un león nunca intento ser como una cebra ni una cebra como un león. Cada animal tenía su propia naturaleza y su propia forma de ser.

Lolo cada día que pasaba era más él y mucho más fuerte, era más seguro de sí mismo. Volaba con mucha más fuerza que antes. Nunca volvió a molestar a ningún otro animal. Y aquella historia y aquellas palabras se las cuenta hoy en día a sus crías y ven a su papa a un pájaro tan grande en espíritu como la autentica águila real.

Fábula escrita por Saray Carrero. 

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