Prometeo: cómo consiguieron los hombres el fuego

Mitología griega adaptada y contada para los niños

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La mitología griega es una gran fuente de leyendas pero también de cultura e historia, por eso es importante que los niños la conozcan. En Guiainfantil estamos adaptando la mitología en forma de cuentos cortos para que los niños aprendan y se diviertan.

En esta ocasión nos vamos con el titán Prometeo, que robó el fuego a los dioses para dárselo a los humanos. El asunto no quedó olvidado y Zeus castigó a Prometeo durante mucho tiempo.

Cuento infantil. Prometeo roba el fuego de Zeus

Fuego

Hubo un tiempo en que la humanidad vivía sujeta a los caprichos de los dioses. Vivían en cuevas, se alimentaban de los frutos de los árboles y se pasaban el día caminando de un lado para otro para no tener frío. Y es que aún no se había inventado el fuego para calentarse ni para cocinar. Bueno, en realidad el fuego estaba inventado, pero el secreto del fuego solo lo conocían los dioses.

El dios Zeus estaba encantado porque si los hombres no tenían fuego, poco podían hacer por ellos mismos y así seguían necesitando a los dioses. Lo que hacía Zeus era negarles el progreso a la hombres, impedir que fueran civilizados. Pero un buen día Prometeo se hartó de la situación y cambió las reglas del juego.

Prometo no era un dios, ni un mortal, ni un héroe. Era un titán con una enorme fuerza y mucha inteligencia que además era amigo de los mortales. Él quería que la humanidad pudiera valerse por sí misma y empezara a progresar, a inventar cosas para poder vivir mejor. Y elemento básico que necesitaban era el fuego.

Fue el día que Prometeo se encontró a Zeus echando una siesta en el Olimpo. Zeus tenía a su lado una pequeña hoguera a la que no dejaba acercarse a nadie. Cuando Prometeo se dio cuenta de que Zeus estaba tan profundamente dormido que hasta roncaba, se dio prisa. Cogió una rama de un árbol y la acercó a la hoguera. La rama empezó a arder y Prometeo salió disparado para entregarles a los hombres el fuego.

El resto fue fácil, porque los hombres cogieron la rama ardiendo que les dio Prometeo y con ella pudieron hacer muchas hogueras por todo el mundo para que nunca se apagara. Pero cuando Zeus se despertó de la siesta y vio a toda la humanidad calentándose y cocinando se enfadó y buscó al culpable para castigarle.

- ¿Quién me ha robado el fuego?- gritó Zeus. Y el grito resonó en todo el mundo.

- He sido yo- dijo Prometeo, que no estaba dispuesto a que otros pagaran su castigo.

Y el castigo fue duro. Zeus encadenó a Prometeo a una roca, lejos en el Cáucaso. A pesar de que el titán tenía mucha fuerza no podía soltarse de las cadenas, pero el peor suplicio era que un águila llegaba de madrugaba para comerle el hígado a Prometo. Por la noche el hígado se regeneraba y a la mañana siguiente vuelta a empezar con el desayuno del águila.

Así estuvo Prometo años, décadas y siglos. Y todo el mundo le pedía a Zeus que le levantara el castigo, pero Zeus no cedía porque seguía enfadado con Prometeo. Tuvo que venir el héroe Hércules, que pasó por aquella roca por casualidad, para liberar a Prometeo de sus cadenas, aunque Zeus nunca más volvió a dirigirle la palabra al titán que le robó el fuego.

Laura Vélez. Redactora de Guiainfantil.com

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