Fábulas para niños. El viejo que removió las montañas

Fábulas chinas con moraleja adaptadas para niños

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Las fábulas chinas para niños son historias milenarias llenas de sabiduría. Durante siglos, las fábulas en China se han transmitido de padres a hijos, de generación en generación. Todas estas historias mágicas guardan un mensaje en su interior, una enseñanza. La moraleja de las fábulas chinas es lo que convierte a estas historias en un elemento esencial en la educación de los niños. 

Estos cuentos o historias cortas nos acercan además la cultura de otros pueblos, de otras civilizaciones lejanas. En todas ellas, los niños podrán encontrar referencias al modo de vida en China, una sociedad muy distinta a la occidental, que puede aportarnos muchos valores y enseñanzas de la cultura oriental. El encuentro con las fábulas chinas puede ser un punto de encuentro entre ambas culturas que motive a los niños a hacer crecer su interés por esta civilización y les invite a aprender chino.

El viejo que removió las montañas: fábula infantil

Fábulas chinas: El viejo que removió las montañas

Las montañas Taihang y Wangwu tienen unos 700 kilómetros de contorno y 10.000 kilómetros de altura.

Al norte de estos montes vivía un anciano de unos 90 años de edad al que llamaban El Viejo. Su casa miraba hacia estas montañas y debido a su avanzada edad él encontraba bastante incómodo tener que dar un largo rodeo cada vez que salía o regresaba a casa. De manera que un día tuvo una gran idea, y decidió reunir a su familia para discutir el asunto.

- ¿Qué os parece si todos juntos desmontásemos las montañas para crear un camino? – sugirió –. Entonces podríamos abrir un camino directo hacia el Sur, hasta la orilla del río Hanshui.

Toda la familia estuvo de acuerdo, excepto su mujer, que dudaba.

- No tenemos la fuerza necesaria para desmontar las montañas – dijo –. ¿Cómo podremos cambiar la silueta esas dos montañas? Además, ¿dónde vamos a vaciar toda la tierra y los peñascos?

- Los vaciaremos en el mar – fue la respuesta.

Entonces El Viejo partió con sus hijos y nietos a remover las montañas. Tres de ellos llevaban balancines y removieron piedras y tierra y, en canastos, los acarrearon al mar. En cada viaje tardaban varios meses.

Un hombre que vivía cerca de la orilla del río, a quien llamaban El Sabio, se reía de sus esfuerzos y trató de disuadirlos.

- ¡Basta de esta tontería! – exclamaba –. ¡Qué estúpido es todo esto! Tan viejo y débil como es usted no será capaz de arrancar ni un puñado de hierbas en esas montañas. ¿Cómo va a remover tierras y piedras en tal cantidad?

El Viejo exhaló un largo suspiro.

- ¡Qué torpe es usted! – le dijo –. Aunque yo muera, quedarán mis hijos y los hijos de mis hijos; y así sucesivamente, de generación en generación. Y como estas montañas no crecen, ¿por qué no vamos a ser capaces de terminar por removerlas?

Entonces El Sabio no tuvo nada que responder.

FIN

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