Cuentos chinos. Un cuento infantil sobre la sinceridad

Cuentos sobre lo que los niños pueden aprender de los abuelos

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Este cuento es ideal para leer a los niños. Con él puedes enseñarle valores tan importantes como el de la sinceridad y la familia. Y es que, la familia no sólo son padres e hijos, los abuelos juegan un papel muy destacado en la educación de los niños ya que pueden transmitirles grandes enseñanzas.

El abuelo Filomeno, que antes de jubilarse había sido maestro, tenía la barriga más grande que Martín había visto jamás. Y Martín tenía la imaginación más grande que el abuelo Filomeno había conocido jamás. Martín se pasaba el día inventando historias que explicaran por qué de repente llovía o  quién se encargaba de encender las farolas. Nada de lo que pasaba a su alrededor ocurría porque sí. Por eso siempre interrumpía las explicaciones en el cole para contar historias y todos los profesores tenían que cortarle para decirle:

- Martín, no nos cuenten cuentos chinos. 

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Y Martín se quedaba con sus historias dentro, sin entender por qué llamaban cuentos chinos a sus historias si él no era chino, sino de Albacete. 

Un día Martín le había preguntado al abuelo Filomeno que por qué tenía aquella enorme barriga

- Pues porque va a ser… ¡porque me he comido muchos niños en mi vida! Todos los que se portaban mal en clase, ¡ñaaam! me los devoraba de un bocado.

Martín miró al abuelo Filomeno, pensativo. ¡Cómo iba a comerse niños! Eso sonaba a cuento chino. Claro que el abuelo Filomeno era grande como un oso y, aunque se reía mucho, a veces tenía mal humor y se enfadaba mucho. ¿Y si de verdad se hubiera comido muchos niños en su vida? Y tanto miedo le dio que casi se pone a llorar. 

Cuando el abuelo Filomeno vio su reacción, comenzó a reírse a carcajadas:

- Pero Martín, pequeño, ¿cómo voy a comerme un niño de un bocado? Tengo esta barriga de comer muchos dulces, no de comerme alumnos. 

¡Era una broma! Vaya con el abuelo Filomeno. Estaba claro que eso de contar cuentos chinos venía de familia.

Un buen día, Martín se dio cuenta de que a Mamá, de repente, le había salido una barriga tan enorme como la del abuelo Filomeno. ¿Habría comido Mamá también muchos dulces? 

Pero lo que le pasaba a Mamá es que dentro de su barriga tenía un niño, que todos decían que se llamaría Germán y que sería su hermano. ¡No se lo había comido! Pero ahí estaba…

- Pero si Mamá no se ha comido a Germán, ¿cómo ha llegado el pobre a su barriga? - le preguntó un día Martín a Papá. 

Papá puso cara de circunstancias y tras un rato pensando exclamó:

- Verás, resulta que una bruja que vivía en el bosque se encontró con Mamá y muy enfadada le hizo un extraño maleficio y el pobre Germán acabó en la barriga de Mamá. 

Martín miró a Papá con cara de incredulidad. Aquello sí que era un cuento chino, ¿qué tenía que ver Mamá con las brujas del bosque? ¡Con lo poco que le gustaba a Mamá el campo! 

Así que muy enfadado se marchó a buscar a Mamá. Pero lo que Mamá le contó sobre una cigüeña que volaba por el cielo trayendo niños y metiéndolos en barrigas le pareció todavía más absurdo que la historia de la bruja. En los campanarios de su ciudad había muchas cigüeñas y nunca había visto a ninguna con un bebé en el pico. ¡Vaya cuento chino!

Así que, muy confundido, el pequeño Martín acudió al abuelo Filomeno. 

- Pero no me cuentes cuentos chinos, abuelo, que Papá y Mamá ya me han contado unos cuantos. ¡Quiero la verdad! 

Y tan serio lo dijo Martín, que al abuelo Filomeno no le quedó más remedio que recordar sus tiempos de profesor y explicarle a su nieto algunas cosas sobre el cuerpo humano.  

- Me estás diciendo que Mamá y Papá crearon un pequeño Germán dentro del cuerpo de Mamá, y que ahora ha crecido y por eso Mamá tiene ese barrigón, y que eso mismo pasó conmigo, y que algo tan grande como un bebé sale del cuerpo de Mamá. - ¿Y seguro, seguro que esto no es un cuento chino? 

- Seguro, seguro. 

- Pero abuelo, si esto es así… ¡Entonces Mamá es mágica! ¡Es un hada! ¡¡Tiene súperpoderes!! Así que Germán también tendrá superpoderes y yo mismo tengo superpoderes, pero no debo haberlo descubierto todavía, porque claro nadie me había dicho que los tenía, ¿por qué nadie me había dicho nunca que Mamá es mágica?, pero, pero entonces, Germán y yo debemos tener una fuerza sobrehumana o algo así, y entonces podemos, podemos…

Al oír aquello el abuelo Filomeno se llevó las manos a la cabeza y exclamó:

- Martín, por favor: ¡no me cuentes cuentos chinos!

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