Una lección de Navidad. Cuento navideño de Perú

Versión peruana de la historia de Rodolfo el Reno contada para niños

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Si hay un personaje muy popular entre los niños que escriben la carta a Papá Noel, ese es Rodolfo el Reno, un reno con la nariz roja que tira junto a otros compañeros del trineo de Papá Noel cada 24 de diciembre. 

Historias sobre Rodolfo el Reno hay muchas. Pero, ¿habías escuchado esta? Este cuento de Navidad nos llega desde Perú.

Una lección de Navidad. La historia de Rodolfo el reno

Rodolfo el reno

Esta la historia de Rodolfo el reno, al que nadie quería por ser tan feo, bueno eso lo decía Renato el reno viejo, que había acompañado durante muchos años a Santa Claus por el mundo repartiendo regalos.

Cuando se dobló una de sus patas ya no pudo trabajar más y se volvió un reno amargado, de mal humor, que maltrataba al rebaño e incluso a los niños. Después de haber sido tan bueno con ellos, ahora le molestaban y hasta se burlaba de los de su propia especie.

Por ejemplo cuando nació Rodolfo el reno lo primero que dijo fue: ¡Qué reno tan feo!, jaja tiene la nariz roja, jajaja, así nunca Santa Claus lo elegirá, porque lo más probable es que espante a los niños, jajaja y si un reno no trabaja con Santa Claus, para que ha nacido jajjajajajjaja  

Y todos los otros renos se burlaban también de Rodolfo cantándole así:

Era Rodolfo un reno

que tenía la nariz

roja como la grana

y de un brillo singular

Lalalalalalala lalalalá

El viejo reno Renato, vivía en una cabaña en el polo norte, rodeado de mucha nieve, casi vecino con Santa Claus. Rodolfo que vivía cerca también, cuando era pequeño, veía con admiración salir a Renato el reno, que entonces era joven,  junto con Santa Claus lleno de regalos. 

Los padres de Rodolfo eran los renos favoritos de Santa Claus y cada navidad se iban felices a repartir regalos por el mundo. Rodolfo como era pequeño no iba con ellos, además no lo dejaban salir como a los otros renos pequeños, porque como tenía la nariz roja, sus padres se avergonzaban de él y lo escondían.

Pero Rodolfo era travieso y se escapaba, lo malo era que cuando se encontraba con el viejo reno, éste se burlaba de él, entonces Rodolfo corría hacia el bosque para esconderse y fue allí donde conoció a otros animales, los cuales se convirtieron en sus mejores amigos:  Fofó el caballo, Fifí la oveja y Fefé el búho que todo lo sabe y todo lo ve. El búho le decía:

- Rodolfo, tienes que tener paciencia, los demás nos tienen que valorar por lo que somos por dentro y no por lo que se ve hacia fuera. Yo estoy seguro que ahora que ya creciste,  Santa Claus te verá y te elegirá sin dudarlo. En tus ojos se ve bondad, tu amor a los niños y tus ganas de trabajar. Ya verás que ese día llegará.

- Ojalá llegue ese momento. Faltaba una semana para la navidad cuando llegó un nuevo animal al bosque, venía de muy lejos, era parecido a un caballo pero andaba lento, tenía orejas largas y paradas, era un burro, un burro tiritando de frío en el polo norte.

- Hola, soy Paco, el burrito sabanero, estoy camino a Belén ¿Es por aquí verdad?

- Uyy tú sí que te perdiste ¿De dónde vienes? , dijo Fifí la oveja.

- Vengo de la sabana venezolana, voy camino a Belén, a conocer la tierra donde nació Jesús, ya que mi tátara tátara tátara abuelo era el famoso Burrito sabanero, el que iba Belén al nacimiento del niño Jesús y ahora yo, como su tátara tátara tátara nieto, he empezado el mismo viaje pero creo que me he perdido.

- ¿Y estás solo? Preguntó Fofó el caballo.

- Sí, nadie me quiso acompañar, dijo con tristeza el burrito.

- No te preocupes, ya no estás solo, nadie puede estar solo en navidad, te quedarás con nosotros hasta que logres encontrar el camino correcto a Belén. Dijo entusiasmada Fifí la oveja.

Fue entonces cuando Rodolfo también conoció al burrito Paco.

Al día siguiente era la elección de los renos para Santa Claus, todos estaba bien bañados, peinados, comidos y hasta el hocico se habían lavado con hojas de menta que encontraron en el bosque.

Rodolfo miraba desde lejos, escondido, pero listo para salir en cualquier momento. Sus amigos Fofó el caballo, Fifí la oveja, Fefé el búho que todo lo sabe y todo lo ve y su nuevo amigo Paco, el nuevo burrito sabanero, lo alentaban para que dé un paso adelante y se presente ante Santa Claus.

Mientras tanto Santa se dirigía los renos:

- Como saben, todos los años celebramos el nacimiento del niño Jesús, él vino a la tierra a darnos un mensaje de paz y amor, para vivir en armonía, con respeto y cariño, así que para celebrar este acontecimiento es que me encargaron que todos los años entregue regalos a los niños del mundo que se hayan portado bien y como necesito ayuda, tengo que elegir a los mejores renos del universo para cada campaña navideña. Vamos a empezar con la selección, dijo Santa Claus.

A ver, párense derechos que voy a pasar a revisar las patas, el cuello, la cola, y los ojos, ya que un reno de navidad tiene que ser perfecto, debe ser fuerte, estar bien alimentado ya que el viaje es largo y el trabajo de entregar regalos es bastante duro, pero sobretodo tienen que demostrar amor a los niños.

Fue entonces cuando uno de los renos dijo:

- Bah, a mí sólo me gusta tirar del trineo, no me gustan los niños.

Santa se acercó a él y dijo: Entonces no tienes nada que hacer aquí, vamos a darle oportunidad a los que sí están interesados, retírate por favor…

Y en ese momento Rodolfo se armó de valor, gracias a sus amigos que lo alentaban y se apareció ante Santa Claus diciendo:

- Santa Clauss, con todo el respeto que se merece, aquí estoy yo, mi nombre es Rodolfo y me gustaría mucho trabajar con usted.

- ¿Asi?, hmm déjame verte, hmmm se te ve muy bien alimentado, fuerte y de buen tamaño y ¡tu nariz! ¿Qué le pasó a tu nariz?

- Así nací Santa Claus, con la nariz roja como la grana, pregúntale a mis papás, son ellos, tus renos favoritos.

Y Santa Claus dirigiéndose a ellos les dijo:

- ¿Y por qué lo ocultaron todo este tiempo?

- Perdón Santa, no queríamos que se burlen de él.

- Jamás se deben avergonzar de un hijo, un hijo es un tesoro que hay que cuidar, es un regalo de Dios, miren, Rodolfo es único con esa nariz roja jojojo estoy seguro que será la delicia de todos los niños del mundo, jojojo.

Todos se quedaron el silencio sin saber que decir hasta que sus padres dijeron:

- Si Santa es cierto, nuestro hijo es lo mejor que nos ha pasado, de ahora en adelante será diferente, será nuestro orgullo ante todos y jamás lo volveremos a esconder.

Los otros renos, se quedaron pensando y ya no se rieron más de la nariz de Rodolfo.

- Me parece que eres un reno perfecto para mis viajes, además con esa nariz roja, estoy seguro que los niños te adorarán, además tienes una mirada limpia, bienvenido al viaje de los regalos de navidad, jojojo.

- Gracias Santa, no lo defraudaré, pero antes quiero pedirle un favor, tengo un amigo que ha venido de muy lejos, es un burro que quiere conocer Belén, y ha hecho el mismo recorrido que su tátara tátara tátara abuelo el Burrito Sabanero, está aquí, pero muy perdido ¿Podremos dejarlo en Belén?

- Oh el famoso Burrito Sabanero, el que iba camino a Belén a ver el nacimiento del niño Jesús, claro que sí, que venga, es navidad, jojojo ¿Lo dejaremos en Belén!

Enseguida, se acercó Paco el nuevo Burrito Sabanero y todos juntos disfrutaron de una gran fiesta de despedida, allí estaban los renos y los amigos de Rodolfo, Fofó el caballo, Fifí la oveja y Fefé el búho que todo lo sabe y todo lo ve.

Los renos decidieron agregar unas estrofas a la canción que siempre le cantaban a Rodolfo y fue así cómo nació la canción completa.

Así Santa Claus junto a los renos llegaron a cada rincón del mundo buscando a los niños que se habían portado bien, dejándoles un hermoso regalo y en cada hogar encontraron, leche, galletas y sobretodo mucho amor, ya que veían a las familias reunidas, rezando, agradeciendo por la cena navideña, agradeciendo a Dios por la vida y la familia, celebrando que Jesús estaba de cumpleaños y que valió la pena vivir entre todos nosotros para dejar su mensaje a toda la humanidad,  amar y respetar a Dios y a nuestro prójimo.

Feliz Navidad para todos jojojo.

Cuento escrito por Magda Botteri, de Tiabotas.

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