Guía para que la pareja se separe sin dañar a los hijos

Cómo los padres pueden ayudar a los hijos a entender su divorcio

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La separación de una pareja es siempre complicada y más aún cuando hay hijos por medio. Los niños suelen ser los más vulnerables de la familia y por lo tanto, los que más sufren con la decisión de sus padres de separarse. Aunque la separación sea apenas de la pareja, es inevitable que los niños estén inmersos en esta decisión. Dependerá de la actitud y apoyo de los padres preservar a los hijos del sufrimiento.

José Manual Aguilar Cuenca, psicólogo y autor de la Guía para afrontar la ruptura de la pareja sin dañar a los hijos, aconseja a los padres a que afronten la separación con la madurez suficiente, de manera pacífica y respetuosa, asumiendo que la estabilidad de sus hijos depende en gran medida de ellos.

Algunas pautas de actuación para padres que se separan

La separación de los padres y la reacción de los hijos

1. Los padres deben ayudar a los hijos a que entiendan que sus hábitos de vida van a cambiar y que tendrán que construir sus nuevas rutinas. Los niños deben acostumbrarse a disponer de uno u otro, en casas y ocasiones distintas. La normalidad en la vida de los padres provoca normalidad en la vida de los hijos.

2. No se puede ignorar de que las emociones suelen estar revueltas en la familia cuando hay una separación de la pareja. Los padres deben ayudar a sus hijos a que comprendan que sentimientos como la inseguridad, el miedo o el desánimo pueden aparecer y cómo pueden controlarlos. Los padres deben encauzar sus propios sentimientos para así poder ayudar luego a sus hijos a hacer lo mismo.

3. Los padres deben dejar claro a sus hijos de que los padres se divorcian, los hijos no.

4. Los padres deben evitar llevarse por sentimientos negativos, de comentarios despreciativos hacia su ex-pareja. Eso puede causar mucho daño y malestares a los niños, pudiendo alterar su conducta, alimentación o sueño.

5. Los progenitores que tras la separación se ven obligados a asumir tareas y responsabilidades que antes nunca habían tenido, e incluso limitaciones económicas, deben estar conscientes de que lo que sus hijos más necesitan es de atención, de apoyo, de su presencia, afecto, amor… Hay que aceptar y asumir la nueva realidad en lugar de rumiar lo que ya no podrán cambiar. Los niños saben leer el rostro, los silencios y los sentimientos de sus padres.

6. Los padres deben hablar a los hijos sobre su separación sin dar demasiadas explicaciones y sin atribuir culpables. No se puede subestimar la capacidad de sus hijos para entender lo que está ocurriendo. Lo importante es que los niños sepan que sus padres seguirán a su lado y que podrán disponer de ellos cuando lo necesiten.

7. Los hijos no son la terapia de los padres, ni tan siquiera el bastón en el que se apoyen. Cuándo más cueste a los padres superar la ruptura, más le va a costar a su hijo asumirla.

8. Los padres deben estar al tanto de los cambios de conducta de los hijos. Observar si algo ha cambiado en sus hábitos de alimentación, sueño, de estudio. No hay razón para alarmarse. Si los padres se mantienen firmes en su educación y cuidado, todo volverá a la normalidad en muy poco tiempo. No se puede volcarse en exceso en los hijos ni tampoco dejarles hacer lo que quieran.

9. No es lo mismo la separación de los padres para los hijos menores o mayores de tres años de edad. A los más pequeños les cuesta comprender qué ocurre entre sus padres. Por eso es muy importante reiterarles su presencia y no sentirse incapaces de atenderles. De los 3 a los 7 años, los niños ya entienden lo que es la separación y pueden manifestar su dolor con dolores de barriga o cabeza, rabietas, etc. A partir de los siete años y hasta la adolescencia los niños suelen mostrarse indignados, molestos y rabiosos por la separación de sus padres. Los padres deben detener estas conductas para que no se conviertan más severas, imponiendo sus criterios y no desautorizando entre si mismos. 

10. Los padres deben evitar enfrentamientos entre ellos mismos. Vivir enfrentado obliga a odiar y el odio no aporta nada a los niños. Deben evitar ejercer demasiada presión a los hijos, impidiéndoles, por ejemplo, que tengan algún tipo de relación con la nueva pareja de su ex pareja o hablarle mal del otro conyugue.

Si desean conocer otras pautas sobre la custodia compartida, el papel de la familia y de los abuelos frente al divorcio de una pareja, etc., les recomiendamos que accedan directamente a la GUÍA.

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