El enamoramiento en la adopción del niño

La etapa de 'luna de miel' durante la adopción

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Cuando uno desea algo con mucha fuerza y lleva mucho tiempo soñando con que ese deseo se haga realidad, lo idealiza. Tú, como mamá o papá, a tu niño: el más bueno, el más guapo, el más listo, el más obediente… y él, como hijo, a sus nuevos padres, a su familia, sus cosas nuevas, sus juguete, que va a ser todo maravilloso. Le van a querer, le van a comprar todo lo que quiera, nunca lo van a reñir…

Cuando por fin se formaliza la adopción, las familias suelen pasar por un período de enamoramiento ya que por fin hemos encontrado a la persona que va a suplir nuestras carencias. Yo me voy a realizar como padre y él va a tener unos papás.

Características del enamoramiento en la adopción

Madre besa niña

El enamoramiento durante el proceso de adopción es similar al del enamoramiento en una relación de pareja:

- Intenso deseo de tocar, abrazar, acariciar a la otra persona (niño o padre) y de compartir intimidad emocional y secretos.

- Intenso deseo de reciprocidad (que él sienta lo mismo).

- Idealización de la relación como algo maravilloso.

- Deseo intenso de compartir tiempo.

- Sentir que la otra persona es la razón de vivir.

- Deseo desmesurado de agradar y esforzarse en que la otra persona esté bien.

- Necesidad incontrolada de hacer regalos, ser servicial…

- Ganas de gritar al mundo lo que se quiere a la otra parte.

- Miedo a que nos rechace.

- Incapacidad para ver los defectos de la otra parte.

- Problemas para concentrarnos.

- Pensamientos únicos centrados en la otra persona; pasarse el día pensando en la otra persona, en verla,…

El fin de la etapa de enamoramiento en la adopción

Como en todos los enamoramientos, sabemos que esta etapa no es eterna. Llega un momento en el que los papás debéis regresar al trabajo, debéis reñir, castigar, obligar a comer verdura o pescado, llevar al niño al cole, o simplemente decir que no cuando no estaba dentro de los planes del niño. 

Por otro lado, llega un momento en el que el niño empieza a asumir que esa es su casa y que vosotros estáis ahí para atenderle y quererle pero ¿hasta dónde estáis dispuestos a llegar? Además, después de tantos nervios y tantos cambio, por fin puede empezar a relajarse.

El niño empieza a ser él mismo y es cuando se hacen palpables sus posibles carencias, déficits, miedos,… mediante comportamientos totalmente descontrolados, llantos, pataletas, ataques de agresividad,… o sensación de tristeza, pasividad, de que se despega de vosotros, que ya no te da besos ni abrazos, no está cercano… y que te van a pillar de sorpresa porque todo iba bien hasta ahora. 

¿Qué ha ocurrido? Pues que lo que parecía una correcta integración no lo ha sido tanto y como padres, como era lo que más deseabais, os habéis aferrado a la esperanza de que ya siempre va a ir bien. Os habéis confiado en exceso.

Este hecho no aparece siempre, ni en todas las familias, ni con todos los niños pero como padres debéis estar preparados para tantear expectantes lo que puedan significar ciertos comportamientos sobre todo cuando las cosas parecen excesivamente fáciles.

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