Placenta previa en el embarazo

Los riesgos de la placenta previa en el embarazo

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La placenta previa en el embarazo puede poner en peligro el parto natural en el nacimiento del bebé, si la placenta obstruye el cuello del útero y tapona el canal del parto. Durante el embarazo, la placenta es el órgano que conecta a la mamá con su bebé. A través de la placenta, el bebé recibe los nutrientes que necesita para su crecimiento y desarrollo. La placenta está adherida a las paredes del útero y conectada al bebé mediante el cordón umbilical. Generalmente, la placenta se coloca en la parte alta del útero. Esta es la mejor posición porque deja espacio disponible al bebé para moverse en el interior del útero materno.

Tipos de placenta previa en el embarazo

Placenta previa en el embarazo

La placenta previa en el embarazo ocurre cuando, después de la semana 20 de embarazo, la placenta se coloca justo encima del cuello del útero y obstruye la salida natural del bebé en el parto total o parcialmente. La placenta previa en el embarazo no siempre da síntomas. Se detecta mediante una ecografía y, generalmente, se contempla la esperanza de que cambie de posición al final del embarazo, ya que con el crecimiento del útero la placenta tiende a subir liberando el cuello del útero. 

A pesar de que la placenta se implanta en una zona concreta del útero al inicio de la gestación, la placenta se desplaza a medida que el útero aumenta de tamaño y crece. La placenta se suele situar en la parte baja en el útero a principios del embarazo, pero a medida que el embarazo evoluciona, la placenta se va desplazando hacia arriba. De tal manera que, en el tercer trimestre, la placenta suele estar cerca de la parte superior del útero, de manera que el cuello uterino esté despejado para el parto. Según su posición respecto al cuello del útero, la placenta previa puede clasificarse en distintos tipos:

1. Completa o total: la placenta obstruye y recubre en su totalidad el orificio cervical uterino.
2. Parcial: la placenta cubre parte del cérvix. 
3. Marginal: el borde de la placenta está en contacto con el orificio cervical, pero no lo cubre. 
4. De inserción baja: está cerca del cérvix, pero no está en contacto con él.

Síntomas de placenta previa en el embarazo

Generalmente, la placenta previa previa no da síntomas en forma dolor o molestias a la embarazada. Su señal más característica es la hemorragia vaginal indolora, es decir, la aparición de sangre de color rojo brillante al final de segundo trimestre y en el tercer trimestre del embarazo. Ante la presencia de hemorragia vaginal, debes acudir al servicio de urgencias de tu hospital de referencia.

Algunas mujeres presentan cólicos también. A diferencia del desprendimiento prematuro de la placenta, la placenta previa no produce contracciones uterinas.

El sangrado vaginal puede ser intenso y detenerse por sí solo, pero puede empezar de nuevo días o semanas después. En ocasiones, el trabajo de parto puede comenzar después de varios días de sangrado profuso. Otras veces, el sangrado no aparece hasta después de que el trabajo de parto haya comenzado.

Factores de riesgo de la placenta previa en la gestación

La placenta previa tiene lugar en 1 de cada 200 embarazos y entre los factores de riesgo que pueden predisponer a la embarazada a una placenta previa figuran:

- Ser fumadora
- Tener una edad avanzada, mayor de 35 años
- Tener cicatrices en el útero debido a cesáreas, cirugías o abortos anteriores
- Ser multípara o haber tenido muchos embarazos previos
-  Estar embarazada de gemelos o mellizos

Diagnóstico y tratamiento de la placenta previa

El diagnóstico de la placenta previa se realiza con una ecografía. En función de la intensidad de la hemorragia y del grado de oclusión del cuello uterino, el obstetra decidirá el tratamiento más adecuado. El sangrado siempre supone riesgo de parto prematuro para el bebé. Cuando ya se han superado las 36 semanas de embarazo, dar a luz al bebé puede ser el mejor tratamiento.

Mientras tanto y para impedir un parto prematuro se suele recomendar a la embarazada en ingreso hospitalario y el reposo absoluto buscando como objetivo finalizar la gestación. Al término de la misma, el parto se suele realizar por cesárea, debido a que si la placenta cubre todo o parte del cuello uterino, un parto vaginal puede causar un sangrado intenso, que puede ser mortal para la madre y el bebé. 

Cuando la placenta está cerca del cuello uterino o está cubriendo una parte de éste, el médico suele recomendar a la embarazada reducir sus actividades cotidianas, guardar reposo en cama y descansar la pelvis, es decir, abstenerse de relaciones sexuales, no usar tampones ni realizar duchas vaginales. 

Marisol Nuevo. GuiaInfantil.com

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