Ocho buenas razones para no pegar a los niños

Por qué no debes dar cachetes o azotes a tus hijos

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Pegar un tortazo, azote o colleja a los niños todavía está muy arraigado en muchas sociedades. El cansancio, el estrés, el nerviosismo y las ganas de resolver rápidamente una situación conflictiva por parte de los padres muchas veces hacen que terminemos levantando la mano  y dañemos a quién más debemos querer.

Esta práctica está científicamente demostrado que no educa a nuestros hijos en absoluto, sino que por el contrario es contraproducente para su educación. En Guiainfantil.com te damos 8 poderosas razones para pensar otra alternativa antes de soltar la mano.

8 razones por las que no aplicar el castigo físico a los niños

Por qué no se debe pegar al niño

1- No sirve para educar: El niño responderá por miedo pero no porque entienda lo que se le pide, y por lo tanto no modificará su comportamiento en ocasiones futuras.

2- Influye negativamente en la personalidad de los niños: Un niño al que se le ha pegado, gritado o humillado se siente dañado en su autoestima, se siente indefenso ante quien debería protegerle y hace que nos pierda el respeto a nosotros, sus modelos a seguir.

3- Demuestra que no sabemos resolver los conflictos sin violencia: Nos pasamos el día recordándole a nuestros hijos que no deben gritar, que no deben pegar a otro niño, que deben comportarse de una manera civilizada, sin embargo nosotros imponemos la violencia en cuanto perdemos los nervios. No se puede pedir que no peguen  si nosotros pegamos. Hay que saber resolver los conflictos hablando, y si eso es lo que nosotros inculcamos a nuestros hijos con los demás ¿por qué nosotros no sabemos hacerlo?

4- Es una pérdida del control de los padres: Realmente cuando un adulto pega, sea a quien sea, demuestra que ha perdido el control y que no sabe educar o llegar a un acuerdo sin imponer la fuerza. Nos desmoronamos como una autoridad competente y les mostramos nuestro lado más oscuro. Ante todo hay que ejercitar nuestro autocontrol.

5- Aprenderán nuestra violencia: Los niños son auténticas grabadoras de todos nuestros comportamientos. Lo más seguro es que alguien que pega a sus hijos lo haya experimentado en su propia carne de pequeño con sus padres. La violencia genera violencia. ¿Por qué no acabar con los errores que cometieron nuestros padres con nosotros? Si de verdad se justifica la fuerza diciendo que por un tortazo no pasa nada, ¿por qué no permitimos que nuestro jefe nos lo de en la oficina cuando cometemos un fallo? Si no es algo correctivo para nosotros, tampoco para nuestros hijos.   

6- Porque nos genera malestar: El castigo físico no es ni terapéutico para nosotros, ni educativo, y encima nos hará sentir culpables. Se trata de una manera de reflejar tu fracaso como educador, en desahogo momentáneo que conlleva un mal estar en toda la familia.

7- Corta la comunicación entre padres e hijos: Si lo que pretendes es que tu hijo confíe en ti, te cuente sus problemas e inquietudes, especialmente al llegar la etapa tan problemática de la adolescencia, la violencia conseguirá todo lo contrario. Alejará a tu hijo de ti y no tendrá marcha atrás.

8- Crea en los niños ansia y miedo: Un solo guantazo puede hacer cambiar la visión que tiene el niño de nosotros, sus referentes, a la de alguien al que temer, y en el que no se puede confiar porque si está nervioso puede que te suelte un guantazo. Esto hace que el niño desarrolle ansia ante cualquier comportamiento que crea reprobable y le convierte en un niño miedoso. También le enseña a tener una actitud agresiva y ser antisocial, desarrollando menos la empatía con los demás.

Patricia Fernández. Redactora de Guiainfantil.com

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