Cómo hablar de la crisis económica familiar con los niños

Es importante medir la información que se da a los niños sobre una crisis

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Hoy en día, hay muchas familias que se están viendo afectadas por la crisis, muchos padres han perdido su empleo, y hay familias incluso en las que los dos padres están sin trabajo. Todo ello afecta a los más pequeños de la casa, y las repercusiones en los niños dependerán mucho de las diferencias individuales, y sobre todo, de cómo lo enfoquen los padres.

¿Cómo hablar de la crisis económica familiar con los niños? Es importante que los padres midan la información que se les da a los niños; que sepan que es una situación difícil, porque hay menos trabajo, menos dinero... pero no dejemos que esto mine su seguridad y su confianza

La crisis económica en casa y los niños

Padres con niños

La principal fuente se seguridad y de confianza de un niño son sus padres, y si están inseguros y temerosos, esto les acabará afectando. No se trata de engañarles o de ocultarles la realidad, pero sí de no hacerles partícipes de lo que no les corresponde por su edad.

Los niños son niños y debemos de proteger su infancia. No necesitan saber la situación económica de sus padres, ni hacerles partícipes de la misma hasta que son bastante mayores, y pueden entenderlo. Pero eso no significa que no les podamos decir que cuesta mucho ganar el dinero, que hay que ir a trabajar para conseguirlo, que hay mucha gente que no tiene trabajo, que ahora papá o mamá no tienen trabajo, y que por eso no se pueden comprar tantas cosas como antes.

Los niños son muy observadores, y seguro que han visto que a lo mejor este año no se ha salido fuera de vacaciones, apenas se gasta en ocio.... Por lo que puede ser un buen momento para trabajar con ellos en otra dirección: estar de vacaciones no significa hacer un viaje, al igual que tener tiempo libre no implica gastar dinero. Recuperemos pequeñas diversiones como ir a pasar un día en familia de picnic al campo, dar un paseo por el parque, pasear por la ciudad... o quedar con amiguitos a jugar. En ningún momento, ni en época de crisis ni de bonanza, se debe asociar el ocio y el tiempo libre a gastar.

En la etapa anterior, quizás hemos pecado de llenar a los niños de juguetes y cosas innecesarias que no han llegado a valorar. Cuando nos cuesta poco o nada conseguir algo, no lo valoramos, y precisamente eso les ha pasado a muchos niños, que 'lo tenían todo' sin ningún esfuerzo. En términos generales, los niños de ahora, van a aprender a valorar más lo que tienen, pues les costará más conseguirlo, y van a disfrutar más de sus juguetes, y de sus cosas, pues cuando tienen muchas cosas ni las valoran ni las disfrutan.

La sociedad de consumo en la que vivimos, se 'ceba' tanto con los niños, como con los adolescentes y con los adultos con mensajes de 'necesitas este juguete', no basta con tener una consola, hay que tener el último modelo. Quizás la crisis sirva para que todos utilicemos el sentido común y no nos dejemos arrastrar por el consumismo atroz, y que nos ayude a valorar lo que sí que tenemos. Una de las bases para ser feliz radica precisamente en eso, en valorar lo que tengo, y no frustrarme por lo que no tengo.

El sentimiento de solidaridad

El sentimiento de solidaridad, es algo que los padres deben de trasmitir a los hijos, la necesidad de compartir, tanto con los iguales como con los más desfavorecidos, y la situación económica y social, invita a hacerlo ahora más que nunca.

Es importante que los niños aprendan a valorar las cosas, con independencia de la situación económica en la que nos encontremos. Que vean la importancia del esfuerzo, que valoren lo que tienen, y que aprendan a ahorrar para el futuro. Esto implica demorar el refuerzo, no conseguir las cosas de forma inmediata, algo muy necesario en la época en la que vivimos, y fundamental para poder tolerar las pequeñas frustraciones que, de seguro, se encontrarán a largo de la vida.

Por eso es bueno que les enseñemos a ahorrar. Desde pequeños pueden tener una hucha en la que van guardando el dinero que reciben de abuelos, tíos... (siempre cantidades pequeñas), explicándoles que lo que se mete en la hucha no se gasta, que es para tenerlo ahorrado, no solo por si quieren comprar algo en un futuro, sino por si nos hace falta en algún momento. Cuando son un poquito más mayores, podemos dividir el dinero que reciben, en una parte para ahorrar, que va a la hucha y no se puede sacar, y otra parte que sí que se puede sacar.

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