La importancia de fomentar el vínculo con el bebé

El vínculo afectivo y el apego entre la madre y el bebé

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En todo el reino animal, son los enlaces afectivos y táctiles entre madres e hijos los que aseguran las buenas interacciones y un correcto desarrollo futuro.  Este momento crítico de vinculación, sucede al momento del parto o minutos e incluso horas después de él. Si la madre permanece separada de su cría durante ese momento, es frecuente que cuando lo vuelva ver, ésta lo rechace. 

En estudios similares, pero con humanos, sucede algo muy parecido, salvo en la peculiaridad de que ese momento crítico es mucho más flexible, puede permanecer, meses e incluso años después del parto. Además de la vinculación o la unión se habla también de apego, que es un tipo de vinculación mucho más emotiva.

El vínculo entre la madre y el bebé

Vínculo entre madres e hijos

Los reconocidos pediatras Klaus y Kennell citan a los abrazos, los besos y las miradas, como unos indicadores básicos para la creación del vínculo entre madres e hijos. Hasta tal punto que en aquellos casos en los que se ha dado un amplio y temprano contacto entre madre y su bebé, los resultados han sido muy positivos.

Las madres que consiguieron crear ese vínculo a las pocas horas de nacimiento, eran mucho más cercanas a sus hijos, tenían menos problemas de amamantamiento y tocaban a los pequeños con mucha más frecuencia. Por otro lado, los niños presentaban un cociente de inteligencia bastante más alto a la edad de tres años que aquellos que habían sido separados de sus madres.

Además, para un bebé esta primera relación de apego tiene una gran importancia, porque suele ser el modelo más significativo para las relaciones que establecerá en el futuro. La forma en que cada persona aprende a ser, tiene su origen en las experiencias tempranas que tenemos con nuestras madres o con quien nos haya cuidado en los primeros días de nuestra vida.

La preocupación por la relación temprana del bebé con su madre fue uno de los temas centrales de muchos investigadores en la década de los 40 y los 60. Los primeros trabajos en esta línea fueron realizados por René Spitz. Spitz  concluía que los niños criados en orfanatos entraban en un período en el que predominaba un estado tranquilo y se convertían en muy demandantes de atención. Posteriormente entraban en un período donde se volvían pasivos y taciturnos, para entrar en un último período donde se negaban a comer y muchos morían. Estos bebés se negaban a vivir denunciando que algo faltaba para su bienestar social, lo que falta era la madre, pero no sólo la madre física, sino el ámbito familiar que el cuidado maternal aporta.

Los actos de coger al bebé, cantarle, mirarlo, besarlo, alimentarlo o mecerlo son todas experiencias de vinculación. Los expertos creen por tanto que, para generar este apego, hay que fomentar este contacto positivo con el bebé ya que estos actos causan respuestas en el cerebro del bebé e inciden directamente en el desarrollo emocional, social, fisiológico o de la conducta del niño para toda su vida.

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