Cuántos huevos pueden tomar los niños a la semana

El huevo en la alimentación infantil

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El huevo es un alimento ampliamente extendido, y es un referente gastronómico en algunas latitudes, como en América Latina, donde se consume a diario. Admite todo tipo de cocinados: fritura, cocción, un simple hervor, horneado.

El huevo aporta proteínas de alto valor biológico, fosfolípidos, una cantidad generosa de hierro y varias vitaminas útiles, como la B12, que es un nutriente de los glóbulos rojos. Es un alimento muy completo.

Preguntas y respuestas sobre los huevos en la alimentación infantil

Los huevos en la dieta infantil

¿Cuántos huevos se pueden comer a la semana? Hay un refrán clásico que dice “cuando seas padre, comerás dos huevos”. Y es que, en tiempos, se pensaba que había una relación directa entre la ingesta de huevo y la cifra de colesterol en sangre. Este hecho está desestimado desde el año 1997. Lo importante es hacer una dieta variada y equilibrada.

¿Cuándo se ha de introducir en la dieta? Hasta hace pocos años, en nuestro país se recomendaba introducir el huevo entre los 9 y los 12 meses de vida. Las sociedades científicas de Digestivo y Nutrición Infantil aconsejan desde el año 2008 que se introduzca antes: a partir de los 6 meses, por el hierro que aportan. Recordemos que la carencia nutricional más extendida en los lactantes es la ferropenia.

¿Qué huevos son de mejor calidad? Los huevos se clasifican de tres modos:

- Por el tipo de crianza (ecológicos, camperos, de suelo, de jaula). No está demostrado científicamente que los huevos ecológicos aporten más ventajas nutricionales que el resto. Sí que aportan mayor calidad de vida a la gallina.

- Por el tamaño. El tamaño depende de la raza (los morenos tienden a ser más grandes), de la edad de la gallina (cuanto más viejas son, mayores son los huevos que ponen) y del estado nutricional (las gallinas peor nutridas ponen huevos más pequeños).

- Por el color: blancos, morenos. No hay diferencia nutritiva. 

¿El grosor de la cáscara, de qué depende? El grosor y la calidad de la cáscara son importantes, pues es un elemento aislante. De hecho, se considera que un huevo de cáscara resistente es un huevo de mayor calidad. El grosor de la cáscara se reduce con la edad de la gallina (es menos gruesa en las gallinas más envejecidas), es inversamente proporcional al tamaño del huevo (los huevos más grandes tienen una cáscara más fina), y es peor en gallinas mal alimentadas.

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