Por qué no dar verduras de hoja verde a los bebés

Los nitratos de las verduras en la alimentación infantil

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Las verduras de hoja verde como las espinacas o las acelgas, son muy socorridas en los purés de verduras, pues le dan ese toque verde tan típico. Además, las espinacas, por ejemplo, son fuente de numerosas vitaminas (A, B1, B2, B6 y ácido fólico, C, K y E) y minerales (manganeso, magnesio, hierro, cobre, potasio, calcio, fósforo y zinc), aparte de fibra.

Sin embargo, según las recomendaciones de la Agencia Española de Seguridad alimentaria y Nutrición, no conviene incorporarlas en la alimentación de niños menores de un año, o si se hace, debe ser en muy pequeñas cantidades. En general, conviene controlar su consumo durante la primera infancia.

Por qué no dar verduras de hoja verde a menores de un año

Bebé come puré

El motivo de esta restriccion es la presencia, de manera natural, en este tipo de verduras, así como en otros presentes en la dieta, de nitratos, que de por si no presentan una gran toxicidad, pero que en el organismo se transforman en nitritos, cuya toxicidad es bastante superior. Los nitratos se utilizan también, añadidos de manera artificial, como conservantes en alimentos.

Por otra parte, la exposición de los nitritos al calor favorece la aparición de nitrosaminas, potencialmente cancerígenas, pero la vitamina C, que suele estar presente acompañando a los nitratos en el alimento, protege frente a esta transformación.

La hemoglobina de la sangre transporta el oxígeno procedente de la respiración desde los pulmones a los tejidos donde será utilizado por las células, y transporta de vuelta el dióxido de carbono a los pulmones. Esta hemoglobina contiene normalmente hierro en su estado ferroso (Fe2+), pero la presencia de nitritos en el organismo altera este hierro, haciendo que se oxide y se encuentre en estado ferrico (Fe3+). Esta forma anormal de hemoglobina se conoce con el nombre de metahemoglobina, y cuando así se encuentra, pierde su habilidad para transportar oxígeno a los tejidos. La metahemoglobinemia es la enfermedad que se produce cuando hay un exceso de metahemoglobina en la sangre.

Cantidades elevadas de nitratos en la dieta, que posteriormente se transformaran en nitritos, pueden producir, por tanto, metahemoglobinemia. Este proceso se ve favorecido por la presencia en el estómago de bacterias reductoras de nitratos, más frecuente en los tractos gastrointestinales infantiles que en los de los adultos, cuyo pH es más bajo. Durante los primeros 6 meses de vida, los lactantes alimentados con fórmulas artificiales son más propensos a esta enfermedad ya que el agua con que se elaboran contiene nitratos. Además, a estas edades una parte de la hemoglobina se encuentra aún en su forma fetal, más sensible a la transformación en metahemoglobina. Conviene, como precaución, usar un agua de muy baja mineralización para elaborar la fórmula del lactante.

La metahemoglobinemia, dada la falta de oxígeno en los tejidos, se manifiesta principalmente con cianosis. A menudo se conoce como el síndrome del bebe azul, ya que la piel adquiere esta tonalidad. Además, produce debilidad y acelera el ritmo cardiaco. Casos muy severos, con niveles de metahemoglobina en sangre superiores al 50%, tienen, de hecho, consecuencias potencialmente fatales.

Por otra parte, la exposición durante el embarazo, y en particular en el tercer trimestre, a niveles elevados de nitratos y nitritos puede aumentar el riesgo de complicaciones, como la anemia o la presión arterial elevada. En casos severos pueden producirse abortos, preeclampsia y partos prematuros. 

Papillas de fruta y purés de verduras y carnes para el bebé

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